ISSN Online: 2788-9572

              ISSN Printed: 2519-7797

ARTÍCULO ORIGINAL

vol. 11, 2026

https://doi.org/10.54549/ky.2026.11.e6655

Editor Responsable: Carmen García

Universidad Nacional de Asunción, Facultad de Ciencias Sociales. San Lorenzo, Paraguay.

Recibido: 20-03-2026

Aceptado: 08-08-2026

   Artículo de acceso abierto. CC BY 4.0

 

 

 

Entre la tierra y la feria: agroturismo y género en las ruralidades de valles irrigados de Neuquén, Patagonia Argentina (2024-2026)

Between Land and Fair: Agrotourism and Gender in the Ruralities of the irrigated valleys in Neuquén, Patagonia Argentina (2024-2026)

 

María Luján Santamarina1

Verónica Trpin2

 

1 Universidad Nacional del Comahue, Facultad de Turismo, Grupo de Estudios Sociales y Territoriales del Turismo y la Recreación (GESTuR). Provincia de Neuquén, Argentina.

2 Universidad Nacional del Comahue, Instituto Patagónico en Estudios en Humanidades y Ciencias Sociales (IPEHCS-CONICET-UNCO), Provincia de Neuquén, Argentina.

 

Correspondencia: lsantamarina@fatu-uncoma.com.ar

 

resumen

Las mujeres rurales que protagonizan y lideran experiencias de agroturismo y producción agroalimentaria representan una respuesta desde el cuidado del territorio, la salud y el ambiente, a la crisis del modelo frutícola de la región, al avance urbanístico y extractivista petrolero en el valle inferior del río Neuquén, al norte de la Patagonia Argentina. Se demuestra que estas iniciativas trascienden la necesidad de diversificación económica para representar proyectos políticos que resignifican el cuidado como práctica central para la sostenibilidad de la vida. La organización, esfuerzos de capacitación y definición de proyectos agroturísticos en los predios productivos son conducidos mayoritariamente por mujeres que transforman su rol reproductivo en motor para la agroecología, defensa del territorio y construcción de soberanía alimentaria local, desafiando la división sexual del trabajo tradicional. Estos procesos de diversificación se observaron desde el trabajo de campo y entrevistas realizadas entre los años 2024 y 2026 en los departamentos de Añelo y Confluencia de Neuquén, las áreas más afectadas por la expansión urbana e hidrocarburífera. Desde la sistematización de 10 experiencias de agroturismo, se advierte que, desde estrategias locales, los cuidados trascienden las prácticas productivas para extenderse a sus propios cuerpos, los de sus familias, de los/as consumidores/as y de las tierras productivas de modo de resistir y permanecer en los predios. Estas redes feminizadas constituyen una forma de resistencia y re-existencia en el espacio rural, subrayando la urgencia de políticas públicas con perspectiva de género.

 

Palabras clave: agroturismo, género, cuidados, extractivismo, agroalimentos.

 

abstract

The Rural women in the cases studied are leading and spearheading agritourism and agricultural production initiatives represent a response rooted in caring for the land, health, and the environment, to the crisis of the region’s fruit-growing model and the urban and oil extraction boom in the lower Neuquén River valley, in northern Argentine Patagonia. These initiatives demonstrate that they transcend the need for economic diversification, becoming political projects that redefine care as a central practice for the sustainability of life. The organization, training efforts, and development of agritourism projects on production farms are primarily led by women who are transforming their reproductive role into a driving force for agroecology, territorial defense, and the construction of local food sovereignty, challenging the traditional gendered division of labor. These diversification processes were observed through fieldwork and interviews conducted between 2024 and 2026 in the departments of Añelo and Confluencia in Neuquén, the most affected areas by urban and hydrocarbon expansion. The systematization of 10 agritourism experiences reveals that, through local strategies, care extends beyond production practices to encompass the bodies of the women themselves, their families, consumers, and the productive lands, enabling them to resist and remain on their productive properties. These feminized networks constitute a form of resistance and re-existence in rural areas, underscoring the urgent need for public policies with a gender perspective.

 

Keywords: agritourism, gender, care, extractivism, agrifood.

 

INTRODUCCIÓN

Este escrito tiene como propósito analizar, desde una perspectiva de género, las diversas experiencias de agroturismo sostenidas por mujeres rurales y relacionadas con la producción de alimentos frescos. Los casos relevados entre los años 2024 y 2026 se localizan en los departamentos Confluencia y Añelo de la provincia de Neuquén, en el norte de la Patagonia Argentina. Como parte de procesos caracterizados por profundas transformaciones productivas de los valles irrigados tradicionalmente dedicados a la producción frutícola, se advierte el fortalecimiento de la producción agroalimentaria artesanal y agroecológica en predios dedicados al agroturismo, con la participación de agricultoras familiares, huerteras y elaboradoras artesanales de agroalimentos.

La delimitación territorial responde a la configuración de los valles irrigados, caracterizados por el sistema urbano, periurbano y rural emplazado en los valles del margen medio e inferior del río Neuquén e inferior del río Limay, área que presenta la más alta concentración poblacional y más afectada por la expansión urbana e hidrocarburífera. En dicha configuración, se advierte que la ocupación de la tierra destinada históricamente a los agroalimentos, ha perdido protagonismo ante el negocio inmobiliario y la presencia de empresas de servicios a la industria hidrocarburífera. Frente a procesos de desagrarización, pequeñas productoras, elaboradoras de agroalimentos, feriantes y huerteras expresan la persistencia de prácticas en las que el territorio y los alimentos se presentan en el centro, como forma de valorizar experiencias productivas locales en articulación con el turismo, con la economía social y el sistema educativo.

Estos procesos de diversificación se observaron desde la sistematización de 10 experiencias de agroturismo, se advierte que, desde estrategias locales, los cuidados trascienden las prácticas productivas para extenderse a sus propios cuerpos, los de sus familias, de los/as consumidores/as y de las tierras productivas de modo de resistir y permanecer en los predios. Estas redes feminizadas constituyen una forma de resistencia y re-existencia en el espacio rural, subrayando la urgencia de políticas públicas con perspectiva de género.

Cabe señalar que este artículo está organizado en tres partes y las conclusiones.

En la primera parte del escrito, se indicarán las decisiones metodológicas y la contextualización de la investigación1, las características del área de estudio y las tendencias identificadas.

Como parte del desarrollo, se recorrerá la experiencia de la educación agropecuaria desde los Centros de Formación Profesional Agropecuaria (en adelante, CFPA), con especial énfasis en el rol que ha tenido, en los departamentos de Confluencia y Añelo. Desde dichos espacios se promueve la formación de adultos/as en temáticas como el agroturismo, el procesamiento de agroalimentos y huertas agroecológicas. Este apartado se focalizará en las experiencias de agroturismo relevadas y los sentidos que las propias productoras y huerteras le otorgan a prácticas que expresan resistencias ante el aumento de presiones por el cambio de uso del suelo.

Por último, se recorrerán las apuestas conceptuales vinculadas al agroturismo y su relación con los agroalimentos desde una perspectiva de género, el marco teórico que nos permitió advertir la incidencia del trabajo de las mujeres rurales en el territorio. Se desarrollarán los elementos con los que este escrito discute y dialoga para finalizar con conclusiones del artículo, con los principales hallazgos de los estudios realizados en el área analizada y los desafíos teóricos que nos ofrece la teoría feminista para abordar el agroturismo y las prácticas feminizadas que involucra.

 

METODOLOGÍA

 

Trabajo de campo desde una perspectiva de género

Este escrito se nutre de metodologías feministas2 (Castañeda Salgado, 2006; Harding, 1998) y se basa en un abordaje centralmente cualitativo para reconocer las experiencias de agroturismo y las iniciativas estatales en la generación de circuitos alternativos de producción de alimentos frescos y mínimamente procesados. La selección de las experiencias se recuesta en los contactos establecidos con 15 mujeres productoras, elaboradoras y huerteras mediante la técnica de bola de nieve y a partir de las articulaciones tanto con agentes municipales locales como con espacios de capacitación. Las unidades de análisis están constituidas por los predios de producción donde trabajan huerteras (unidades de un cuarto de hectárea), productoras de la agricultura familiar (predios de hasta 20 hectáreas) y elaboradoras de agroalimentos.

Nuestro estudio se nutrió de técnicas primarias y secundarias de recolección de la información y construcción de los datos. Se realizaron un total de 23 entrevistas presenciales y virtuales entre mayo de 2024 y febrero de 2026 a personal y huerteras de la Chacra3 Municipal de San Patricio del Chañar, al equipo técnico del área de Producción del mismo municipio y del municipio de Centenario, al coordinador y el equipo técnico del CFPA N.° 2. A lo largo de dos años, el equipo de investigación sostuvo observaciones de campo con recorridas de los predios productivos y ferias locales, realizadas en el predio de la Chacra Municipal de Centenario, predios de las chacras de las productoras de la Red de Agroturismo, la Universidad Nacional del Comahue y la Feria de Semillas desarrollada en el establecimiento Buena Vida). Por otra parte, se compartieron rondas de conversaciones e intercambio con las productoras, huerteras, elaboradoras y feriantes, instancias que permitieron recuperar sus relatos y experiencias.

A partir de estos relevamientos, se registraron 10 experiencias de agroturismo en las que se combinan proximidad, territorio y agroecología. Desde estas propuestas agroturísticas, se realizan recorridos a los predios y venta de productos de elaboración propia, entre ellos nueces y productos derivados, vinos, conservas, frutas y verduras de estación, huevos, preparados de hierbas medicinales y hongos, como los productos más destacados. Forman parte de esta sistematización la Chacra Municipal de San Patricio del Chañar, las huertas del Puesto de Capacitación del Chañar y parte de la Red de Agroturismo4 que agrupa esta diversidad de emprendimientos. Desde el acompañamiento y el asesoramiento de técnicos/as y agentes estatales, se ha observado una proyección que atiende dispositivos de producción, elaboración y comercialización asociativa que abordan los circuitos cortos de comercialización y el derecho a la alimentación saludable a precios justos.

Como parte de la investigación realizada, se relevaron datos y estadísticas del Censo Nacional Agropecuario del año 1988 y Anuarios Estadísticos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para los años 2011, 2024 y 2025.

 

Caracterización de la producción de agroalimentos en los valles irrigados de Neuquén y el área de estudio

Hacia los extremos del gran centro urbano de Neuquén capital, provincia de Neuquén se encuentran las plantaciones fruti-hortícolas que producen alimentos para exportación y consumo en cercanía. Asentadas a lo largo del valle del río Neuquén, desde las localidades de San Patricio del Chañar, a 50 km de la capital y atravesando Vista Alegre y Centenario, estas producciones conforman el Alto Valle productivo que comenzó a planificarse desde finales del siglo XIX en el marco de objetivos de control y desarrollo productivo de los territorios recientemente incorporados al territorio nacional argentino.

Para la conformación de la superficie productiva fueron fundamentales tres procesos centrales (Trpin, 2004). En primer lugar, las violentas campañas militares desde el gobierno central hacia la Patagonia para expandir la frontera del incipiente Estado argentino que implicó el genocidio de las poblaciones indígenas que ancestralmente ocupaban el territorio (Lenton et al., 2015). Seguido, fue la apropiación privada de las tierras y su subdivisión en parcelas menores para que pudieran ser trabajadas a escala familiar. En tercer lugar, fue el trazado ferroviario que en 1899 unía Buenos Aires (capital y provincia portuaria) con el valle, facilitando el traslado de poblaciones, mercaderías y materiales para impulsar la producción frutícola y la construcción de grandes obras fluviales. Estas obras sobre los ríos Neuquén y Limay permitieron regular las intensas crecidas naturales, ampliar las tierras disponibles y convertir el suelo característico del bioma monte (con escasas lluvias y vegetación arbustiva) en un oasis de riego sistematizado, un valle fértil irrigado de alrededor de 100.000 hectáreas ideal para el cultivo. Si bien las obras fueron sobre dos ríos de la región, se continuará analizando las transformaciones socio-productivas específicamente a lo largo del río Neuquén por integrar lo que se considera como Alto Valle tradicional (localidades de Centenario y Vista Alegre) y de posterior incorporación altamente especializada (localidad de San Patricio del Chañar), por ser las áreas de cultivo donde la matriz fruti-hortícola se consolidó con mayor firmeza (Figura 1).

 

Figura 1. Localización geográfica del área de estudio en los valles de producción fruti-hortícolas y la Región Vaca Muerta, norte de la Patagonia, Argentina.

Figura 1. Localización geográfica del área de estudio en los valles de producción fruti-hortícolas y la Región Vaca Muerta, norte de la Patagonia, Argentina.

Elaboración propia a partir de Google Earth (2026).

 

La construcción de la ruralidad sobre el corredor del río Neuquén se extiende desde las subdivisiones de tierras de 1910 y la compra de parcelas menores por parte de migrantes -principalmente europeos- que comenzaron a consolidarse en la actividad frutícola (pera y manzana) con el apoyo de capitales ingleses que, a través de la compañía Argentine Fruit Distributors (AFD), brindaron asesoramientos técnicos, entrega de frutales y créditos a las pequeñas y medianas producciones (Bendini y Tsakoumagkos, 2003). De esta forma, se fortaleció el surgimiento de las chacras (como unidades menores) y la figura de los/as chacareros/as, quienes se constituyeron como sujetos sociales y económicos de la fruticultura, en una relación subordinada a las grandes compañías frutícolas. Un segundo momento fue desde 1960 con la expansión del complejo agroindustrial y la concentración de funciones en las que pocas empresas integraron empaque, conservación en frío, transporte y exportación de fruta (Steimbreger et al., 2003).

Las demandas de una modernización técnica a los/as productores/as primarios/as provocaron desigualdades entre los/as productores/as integrados/as y los/as no integrados/as en la etapa agroindustrial (Bendini y Tsakoumagkos, 2003). La diferenciación social entre productores/as se planteó tanto a nivel productivo -según su capacidad de enfrentar cambios tecnológicos, químicos y técnicos- como en las identidades: emerge una distinción entre chacareros/as y fruticultores/as capitalizados con problemáticas, intereses y formas distintas de resolver la producción. Los/as chacareros/as que no pudieron asumir los costos económicos continuaron produciendo a través de distintas estrategias como la toma de créditos, venta de fruta al mercado interno y de descarte (que no cumplía requisitos para ingresar al mercado internacional), la diversificación productiva y la venta directa en ferias o para jugo, entre otras. Si bien durante la expansión frutícola algunos/as pequeños/as productores/as pudieron capitalizarse y modernizar la producción, para otros/as no fue suficiente para dar el salto cualitativo y luego sus posibilidades de competencia se redujeron (Bendini y Tsakoumagkos, 2003).

Dentro de estos procesos, durante la década de 1970 tuvo lugar el desarrollo de la fruticultura en San Patricio del Chañar, impulsada por capitales privados para asegurar a las empresas integradas frutícolas la posibilidad de ampliación de la escala productiva para la exportación (Steimbreger et al., 2003). A finales de los 80’ se profundiza la transnacionalización agroindustrial cuando capitales internacionales invierten acompañando las innovaciones en las chacras, la automatización del empaque y conservación relegando a los/as productores/as a un rol primario.

Durante los años siguientes hasta la actualidad, distintos fenómenos económicos repercuten en la descapitalización de pequeños/as chacareros/as: transnacionalización de las grandes empresas frutícolas seguidos de cambios de destino de las exportaciones, procesos de certificación de producciones que refuerzan las exigencias del mercado internacional a los/as productores/as, entre otros, y que definen la continua crisis de la fruticultura. Sin embargo, autoras como Álvaro (2015) cuestionan que lo que se encuentra en crisis no es la fruticultura en sí misma sino una forma de organización social de esta actividad liderada por capitales y mercados externos y empresas integradas que transfieren los riesgos económicos de fluctuaciones de demanda, tecnológicos y climáticos a los sectores más vulnerabilizados de la cadena, los/as productores/as pequeños/as y medianos/as.

Cabe considerar que, en la provincia de Neuquén, la superficie implantada con frutales de pepita (manzana y pera) durante los años fuertes de producción alcanzó las 8.552 hectáreas y que al presente se redujeron a 4.583, un 46,41% menos, como indica la Tabla 1 (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC], 1988; SENASA, 2025).

 

Tabla 1. Variación en la superficie de explotación de frutales de pepita (manzana y pera) en la provincia de Neuquén. Periodo 1988-2025.

Año

1988

2002

2009

2011

2015

2018

2021

2024

2025

Variación %

Superficie (ha)

8.552

7.350

7.124

6.737

6.199

5.460

5.003

4.714

4.583

-46,41 %

Elaboración propia a partir de INDEC (1988) para el año 1988; INDEC (2002) para año 2002; SENASA (2011) para periodo 2009-2011; SENASA (2024) para periodo 2015-2024; SENASA (2025) para año 2025.

 

Así mismo, los sectores concentrados desdibujan las diferencias reales que existen en la cadena de producción y utilizan su capacidad de negociación con el Estado en beneficio de la propia acumulación de capitales. Las consecuencias de esta crisis se expresan en la paulatina desaparición de productores/as pequeños/as que muestra la Tabla 2, siendo que desde 2009 hasta 2025 la cantidad de estos (representados en el rango de 0-20 hectáreas) tuvo una variación del -47,1% (SENASA, 2011, 2024, 2025).

 

Tabla 2. Variación en la cantidad de productores frutales de pepita (pera y manzana) en superficies entre 0-20 hectáreas en la provincia de Neuquén. Periodo 2002-2025.

Año

2009

2011

2015

2018

2021

2024

2025

Variación %

Cantidad de productores

259

267

221

177

168

142

137

-47,1 %

Elaboración propia a partir de SENASA (2011) para periodo 2009-2011; SENASA (2024) para periodo 2015-2024; SENASA (2025) para año 2025.

 

Desde comienzos del nuevo siglo, la intensificación del modelo extractivista ha significado el avance de otras actividades económicas en la región, presionando la producción de alimentos para lograr el cambio de uso del suelo a favor de la explotación de gas y petróleo que se expande junto con la especulación inmobiliaria (Machado Aráoz, 2010; Svampa, 2021).

A partir del 2013, se expresa la consolidación de un modelo extractivista con el megaproyecto de Vaca Muerta5 y la aprobación de intensificación de la utilización de técnicas no convencionales de explotación de hidrocarburos mediante fractura hidráulica (fracking) (Observatorio Petrolero Sur [OPSUR], 2020). A través de esta política energética, se posibilita la apropiación del territorio para las actividades extractivas, que van más allá del uso productivo del suelo, sino que modifican los modos de vida de la población en los lugares donde se asientan estas actividades (Salazar Ramírez, 2017).

En Neuquén, los departamentos Confluencia y Añelo dedicados tradicionalmente a la fruti-horticultura, son la puerta de entrada a la región Vaca Muerta (Ilustración 1). Estas localidades atraviesan múltiples transformaciones territoriales ante productores en crisis que deciden fraccionar y vender las tierras productivas para la locación de empresas de servicios petroleros y la densificación urbana para recibir a trabajadores que se asientan en la ciudad durante sus diagramas de trabajo. Además, se modificó la composición poblacional y las expectativas de jóvenes locales de insertarse en estos mercados laborales con salarios y condiciones que se diferencian del trabajo tradicionalmente agrario de la región (Trpin, 2025).

En este escenario que pone en tensión la continuidad de una actividad productiva tradicional, en los últimos años se identifican experiencias de resistencia y de exploración de otras alternativas económicas como circuitos de agroturismo, producción de elaborados y venta en ferias locales.

 

RESULTADOS

 

Las experiencias feminizadas del agroturismo en el territorio

Tal como hemos adelantado, en el estudio realizado, se observa que la articulación entre agroturismo y producción de alimentos frescos se configura como estrategia para defender la tierra y permanecer en las chacras.

Entre las estrategias desplegadas por instituciones académicas, secretarías de gobierno municipal y provincial y familias productoras y huerteras, interesa profundizar en quienes construyen agendas alternativas en los territorios, sus escalas de intervención y visiones. Para esto se abordan una serie de casos que tienen como protagonistas a mujeres rurales y periurbanas, sus trabajos en la tierra, de organización, contención mutua y sus motivaciones, desafíos y preocupaciones.

Los territorios analizados se encuentran conteniendo alternativas a pequeña y mediana escala en espacios que resisten a procesos extractivistas. En estos márgenes, iniciativas estatales han habilitado el acceso a huertas para autoconsumo y venta en circuitos cercanos, salas de elaboración de alimentos, capacitaciones profesionales sobre agroturismo en el CFPA N.° 2 e iniciativas sostenidas desde organizaciones de productores/as y ferias propias.

En los últimos años, en este marco educativo, la apertura de capacitaciones como “Anfitrión Turístico Local orientado al Agroturismo” y “Promotor en Agroturismo” en el CFPA N.° 2 ha impulsado principalmente a productoras y elaboradoras de la región a proyectarse en el agroturismo, lo cual se abordará más adelante. Una experiencia de huerta educativa impulsó la creación de un segundo caso en 2008, la Huerta Municipal “Valles del Chañar” de tres hectáreas. A partir de la reconversión de un predio con frutales, se dividió el terreno para beneficiar a aproximadamente a 50 familias que producen alimentos en espacios abiertos y en invernaderos.

De la formación de Anfitrión Turístico durante 2023 y 2024, se identifica que las personas que realizaron la capacitación se han organizado en una red de productores/as y son quienes actualmente generan experiencias y propuestas de agroturismo. Con reuniones mensuales, la Red de Agroturismo organiza ferias en las chacras, elaboraciones colectivas y se representan entre productores/as y elaboradores/as frente a organismos provinciales y consorcios de riego. Con los municipios locales, trabajan en normativas que resguarden la tierra productiva y permitan la habilitación de las chacras para la visita turística. La red está principalmente liderada por las mujeres de las chacras que son nietas, hijas o esposas (de los propietarios mayormente hombres ya que solo uno de los casos estudiados se diferencia por una abuela propietaria y encargada de la producción durante el siglo pasado).

Cabe destacar que en las experiencias de agroturismo identificadas a lo largo de todo el valle productivo, la participación de mujeres tiene como eje conductor la búsqueda del bienestar familiar, la generación de ingresos propios y la defensa de la tierra, a través de actos cotidianos y potentes en los que sus propuestas involucran una transformación de las relaciones sociales de género (Lara Flores, 1994). De las experiencias relevadas, se destaca la organización de una feria agroecológica que sostiene Cristina6 junto a su familia, una vez por mes en su predio productivo. Allí son convocadas otras mujeres nucleadas en Red o aparte, quienes montan sus stands con dulces, jugos naturales, panificaciones, verduras agroecológicas. La experiencia de agroturismo resulta convocante y llegan a acercarse más de 150 personas de distintos puntos para pasar el día al aire libre, disfrutar de recorridos y comer y beber productos locales mientras suenan bandas invitadas. Otra productora, Elsa, recibe visitantes los fines de semana y ofrece recorridos por el predio productivo para luego agasajar a los y las visitantes con tortas y té de elaboración propia.

En San Patricio del Chañar, el agroturismo se articula también con la huerta educativa del CFPA N.° 2 y en la Huerta Municipal. La huerta educativa funciona desde 1995 y cuenta con salas de elaboración y aulas propias donde se brindan capacitaciones como las de Anfitrión. Desde la promoción de huertas en predios del municipio y del CFPA, la figura de las huerteras se erige de forma novedosa. En los recorridos se observó que las “huerteras del Chañar” se distinguen por ser mujeres mayores con experiencia agraria -por haber sido trabajadoras rurales en chacras frutícolas y vitivinícolas-, quienes encuentran en las huertas la posibilidad de “salir de la casa”, como un espacio y territorio propio por fuera de las obligaciones de cuidados cotidianos (Trpin, 2025, p. 80). En el predio, los equipos técnicos del municipio acompañan los cultivos y reconocen que son ellas las que toman las decisiones de producción mientras “los maridos vienen los fines de semana o cuando salen del trabajo a ayudar a las mujeres” (entrevista a referente institucional, noviembre 2025). Las huerteras reciben visitantes, comparten sus experiencias entre surcos e invernaderos, para luego ofrecer en venta verduras frescas y algunos dulces de elaboración propia. La noción tradicional de los roles de género según quién “trabaja” y quién “ayuda” en la producción para la subsistencia, es alterada, en estos casos locales, donde la trama de cuidados se enreda y las mujeres son quienes trabajan la tierra. A su vez, el trabajo de las huerteras es reflejado en la formalidad siendo sus nombres los que figuran como responsables a cargo de las parcelas en los contratos de comodatos del municipio.

Las prácticas agroecológicas que promocionan desde las capacitaciones son adoptadas por las huerteras, quienes expresan su preocupación por proteger sus cuerpos y sus cultivos, restringiendo el uso de insumos químicos, para así, cosechar alimentos sanos para sus familias y para los/as consumidores/as locales. Se advierte la expansión de la misión de cuidado hacia otros cuerpos, los de los/as consumidores/as a quienes se les vende: “Yo prefiero la salud, mi salud y la del que te va a comer la verdura” (entrevista a huertera, noviembre 2025). Resulta interesante observar cómo el cuidado como práctica socialmente feminizada, orienta los sentidos de cultivar sin agroquímicos en huertos sostenidos por mujeres, en los que los varones solo “acompañan” en forma esporádica.

En este sentido, otra experiencia de una mujer -a cargo de uno de los cinco restaurantes en la zona urbana de San Patricio del Chañar y también huertera- destaca que su menú alberga propuestas regionales donde cada insumo es de cercanía, de la huerta propia o de productores/as locales. En diálogo sobre sus motivaciones para comenzar este proyecto a finales del 2021, se expresa la oportunidad de “tener el privilegio de aportar a algo esencial del ser humano, el alimento” (entrevista, agosto 2025). Además de los alimentos locales, la gran mayoría de los productos que componen cada plato son elaborados en el restaurante (panificados, pastas, carnes rebozadas, preparados, conservas, jugos) lo cual demanda mayor organización y tiempos de elaboración. Frente a esto, la chef destaca el esfuerzo que implica la capacitación de personal (que además son todas mujeres) tanto para la elaboración como para la valorización del alimento de producción artesanal y no industrializado.

Otra experiencia de agroturismo -localizada en el límite de la localidad con el inicio de la explotación hidrocarburífera-, está a cargo de una mujer en un establecimiento con acceso a la costa del río Neuquén. Allí se relevó la elaboración de quesos artesanales, la cría de animales y la articulación con el municipio de San Patricio del Chañar en la realización de eventos. Según lo que se pudo conocer durante las entrevistas, en la distribución de tareas para la elaboración de quesos participa toda la familia del ordeñe mientras las mujeres (madre e hija) se encargan del proceso de elaboración y la comercialización directa a los visitantes que usan la costa del río en verano. A partir de la promoción del uso recreativo de la costa, la hija joven ha identificado la oportunidad de ofrecer propuestas de agroturismo con una granja educativa. La formación en Anfitrión realizada en 2024 ha tenido un rol central al brindar herramientas para pensar esta alternativa que permite continuar los saberes de la tradición criancera familiar: “a nosotros nos gusta acá, no nos queremos ir al barrio o a la ciudad porque se pierde mucho, no podés tener huerta o animales, además si uno se va de acá avanzan las empresas” (productora, entrevista agosto 2025). La presencia de camiones sismógrafos7 por los caminos entre las chacras, la mantiene alerta sobre la posibilidad de que la explotación hidrocarburífera avance directamente sobre los sectores rurales dentro de la jurisdicción municipal.

En la región, se observan casos similares donde la exploración de hidrocarburos en sectores rurales presenta resultados positivos de presencia que justifican su explotación. Autoras de la región como Maristella Svampa (2018) han estudiado las transformaciones que implicó el avance de la explotación hidrocarburífera, tanto en el carácter productivo de la tierra (o su subsuelo) como de las identidades de los/as productores/as en la superficie que se convierten en “superficiarios/as”. Esta figura, enmarcada como servidumbre de superficie en la Ley Nacional de Hidrocarburos8, define la propiedad estatal de los yacimientos y el pago por “alquiler” de la superficie para realizar la explotación profunda o por el uso de la superficie para el tránsito hacia un yacimiento por un tiempo determinado. El/la productor/a que se vuelve superficiario/a atraviesa procesos de desapropiación al reducir o terminar su actividad, convertir su chacra en un inmueble y ceder a los cambios que impone el capital extractivo (Svampa, 2018). La posibilidad de que alguna exploración cercana al predio productivo resulte positiva para la explotación representa una amenaza para los eslabones más expuestos del sistema agroalimentario regional que, presionados por la necesidad económica, pueden desistir a sus actividades tradicionales y formas de vida en la ruralidad.

 

Mujeres que dejan de “ayudar” para cuidar desde tramas colectivas

Frente a los riesgos de la expansión hidrocarburífera y urbana, las mujeres construyen alternativas para sostenerse en la ruralidad desde el agroturismo u ofreciendo agroalimentos locales. En el establecimiento anterior, surge un proyecto de granja educativa que apunta a acondicionar el espacio para realizar eventos y recibir visitas de escuelas de la región con guiados que visibilizan los procesos productivos de crianza de animales. Con respecto a los eventos, a partir de la indagación se identifica que ya existen antecedentes en articulación con las áreas de turismo y de un Observatorio de Violencia de Género de la municipalidad, lo cual permite generar espacios de encuentro y acompañamiento para mujeres de la localidad:

Buscamos proponer salidas y actividades hacia los atractivos turísticos que a veces no se conocen y contemplamos que las mujeres vienen con sus niños/as, por eso en cada espacio generamos otro espacio para infancias así las mujeres aprovechan a estar y compartir, hablar de un montón de cosas que les pasan (entrevista a referenta del Observatorio, noviembre 2025).

En el amplio espacio de la chacra, las mujeres comparten experiencias que abonan la definición de talleres, acompañamientos y capacitaciones requeridas, mientras algunas de ellas son designadas cuidadoras de las infancias de las otras.

Estos casos dan cuenta de la importancia de la presencia de mujeres en equipos institucionales que colaboran con atravesar la perspectiva de género en la toma de decisiones políticas, incorporar acciones de acompañamiento y la designación de presupuesto y recursos públicos que verdaderamente respondan a las necesidades de las mujeres rurales. A su vez, reflejan la desigualdad frente a otras agendas locales y momentos donde los asuntos de cuidado de la salud, la alimentación y el ambiente son relegados ante modelos de desarrollo situados en dinámicas extractivistas.

En las localidades de Centenario y Vista Alegre, se relevaron experiencias de agroturismo desde una reapropiación del espacio productivo tradicional por parte de mujeres productoras nucleadas en la Red de Agroturismo. La motivación de estas mujeres radica en la necesidad de aliviar los malos pasares de sus familias en la actividad frutícola. En sus narrativas se expresa la memoria de crecer viendo el sufrimiento de los padres y las madres frente a una “mala” cosecha de peras y manzanas, por inclemencias climáticas o bajos pagos de la venta de la fruta que no cubre los gastos anuales. La fruticultura tradicional ha tenido cambios por las dinámicas de comercialización concentrada en grandes empresas, además de la incertidumbre que provocan los magros rindes ante la variabilidad del clima, lo cual implica una inestabilidad que deja de ser tolerable para algunas generaciones:

Hoy todos los insumos están en dólares, vos hacés tu trabajo y te lo pagan un año después, no es como antes que había un adelanto de cosecha, un adelanto de poda, vos trabajabas con una empresa que era seria…hoy vienen y te miden la fruta para ver si entra en el tamaño que quiere Europa y estamos teniendo cambio climático, la fruta, agradece que hay (entrevista a productora, agosto 2025).

Ciertos roles anudados en la división del trabajo en la chacra (varones productores y mujeres que “ayudan”), se ven trastocados en nuevas generaciones de mujeres, dispuestas a incorporar el agroturismo junto a sus madres:

A nosotros nos costó que nuestro papá accediera, no por una cuestión machista sino porque toda su vida él trabajó solo y de la forma que le enseñó su papá, y hay cosas que le enseñó a mis hermanos, pero no a mí, que yo quise aprender porque en algún momento lo voy a tener que hacer o asegurarme de que otro lo está haciendo bien (entrevista a productora, agosto 2025).

En la exploración del agroturismo, la división del trabajo se enreda y el cuidado familiar implica otros esfuerzos vinculados a la organización y administración de un emprendimiento nuevo relacionado con el agroturismo: realizar capacitaciones, reunirse y lograr consensos, postularse a créditos, diseñar proyectos para obtener financiamiento, elaborar productos con valor agregado en cocinas habilitadas de salas de elaboración, cocinar en conjunto para cubrir pedidos, crear redes sociales para promocionar los productos, asistir y realizar ferias, guiar visitantes, hacer contactos, llevar una agenda de visitas, fijar precios, negociar con proveedores y clientes, entre tantas otras tareas realizadas por las mujeres productoras y elaboradoras. Estas tareas se suman al trabajo invisibilizado en la “ayuda” de las mujeres a los hombres encargados de la actividad productiva en sí misma, estando ellas también presentes en la cosecha entre otras tareas generales y en los trabajos de cuidado hacia el interior de sus familias.

A través de las propuestas de agroturismo, las productoras y elaboradoras disputan una porción de la toma de las decisiones productivas sobre la tierra y dentro de la Red son ellas las que lideran, como un espacio asociativo, otros usos de la tierra por mujeres: “Acá somos la mayoría nosotras las que impulsan, que vemos y buscamos una alternativa, los maridos que están son complementarios, por primera vez ellos acompañan” (entrevista a productora, agosto 2025).

Al igual que en San Patricio del Chañar, el objetivo que guía la búsqueda de alternativas es la permanencia en la tierra, pero, a la vez, la vinculación con el espacio productivo desde el cuidado propio, familiar y comunitario. El centro de las iniciativas de agroturismo no es exclusivamente económico sino una apuesta por tramar espacios de encuentro, de aprendizaje, de recreación en la naturaleza y de producción de alimentos que no enfermen sino que propicien bienestar: “Lo que hacemos son estrategias para no desaparecer, para no dejar de existir” (entrevista a productora, octubre 2025).

Esta última afirmación condensa la esencia de nuestra indagación: el agroturismo se presenta como un acto de sostener la presencia en el territorio liderado por mujeres, donde la resistencia económica es inseparable de la defensa de una identidad y un modo de vida ligado a la tierra.

 

DISCUSIÓN

 

El cuidado en el centro: agroturismo y alimentos

Las transformaciones productivas señaladas, nos llevan a problematizar cómo el agroturismo se ha transformado en una experiencia vinculada a los agroalimentos y al resguardo territorial.

Cabe señalar que las entrevistas realizadas en el trabajo de campo, el 80% fueron mujeres que se ocupan de sostener huertas, iniciativas de agroturismo y elaboración de conservas, dulces y bolsones de verduras. Esta tendencia nos lleva a realizar preguntas sobre qué relaciones podemos establecer, desde una perspectiva de género, entre alimentos, territorio y cuidados en un contexto de avance del extractivismo. Las mujeres, desde las prácticas y los relatos relevados comparten preocupaciones sobre el abastecimiento de alimentos, la generación de ingresos y el cuidado de la salud y el territorio, a partir del trabajo de la tierra de forma agroecológica.

Las propuestas de agroturismo sistematizadas se inscriben en una perspectiva situada en los territorios: prácticas vinculadas al disfrute de la naturaleza y el aire libre, asociadas a visitantes que buscan experiencias turísticas de cercanía diferentes al turismo masivo tradicional. Como mencionan los autores De Rojas y Camarero (2008), los/as visitantes buscan cada vez más una experiencia total que incluya ocio, cultura, educación e interacción social; y en este sentido, recorrer predios productivos o ferias de productores/as involucran cada uno de estos aspectos (Rodríguez y Trpin, 2025).

En las ruralidades latinoamericanas, estas ofertas turísticas no tienen como fin sustituir la actividad agrícola o de producción de agroalimentos, ya que en muchas ocasiones se considera una actividad complementaria, que da lugar a una multifuncionalidad del espacio rural (Rodríguez et al., 2020). Tal como se advierte en las experiencias que serán descriptas, el fortalecimiento del agroturismo representa una alternativa que combina ingresos económicos y un proyecto de vida para permanecer en la tierra, en tanto se complementan la oferta (unidad productiva o feria donde se establece el servicio/producto turístico) y la demanda (turistas y consumidores/as), pero también en la concepción de resguardo del agro, sus paisajes y productos.

Partimos de considerar una oferta integrada a la producción primaria y/o productos con agregado de valor, de acuerdo a las características de quienes producen y viven en el lugar, como así también la promoción de experiencias que incluyen la interpretación de los procesos productivos. Según Pinassi (2024) las ruralidades expresan realidades diversas y contradictorias, algunos territorios atraviesan escenarios donde se inducen procesos de valorización turística con la reivindicación de identidades. En algunos casos, priman los beneficios económicos asociados a una oferta de turismo rural, que, sobre la base de determinados atributos, compite en un mercado de referencia; mientras que, en otros casos, prevalecen los fines culturales, de la mano del sentido de lugar, el arraigo y el espacio vivido de los mismos locales, que deciden de forma comunitaria impulsar este tipo de iniciativas.

Se destaca la caracterización del agroturismo en torno a tres elementos:

–  Circuitos alimentarios alternativos de cercanía: la promoción de la venta directa y la valorización de la producción y el consumo local se relacionan con modalidades de abastecimiento de alimentos que conectan producción y consumo y que están basadas en valores éticos, el empleo de prácticas amigables con el medio ambiente y el acortamiento de los eslabones desde el/la productor/a al consumidor/a (Craviotti, 2023).

–  Acceso a alimentos saludables: la creciente demanda de alimentos sanos y seguros por parte de visitantes y consumidores/as se vincula con cambios en los patrones de consumo de la población urbana y periurbana. Se observa la emergencia de circuitos alimentarios por parte de elaboradores/as y productores/as vinculados a prácticas agroecológicas o en transición agroecológica, los cuales retoman saberes que reducen los usos de agroquímicos y de semillas transgénicas.

–  El rol protagónico de anfitrionas locales: la revalorización de la presencia y del trabajo de las mujeres rurales como abastecedoras de alimentos frescos o elaborados artesanalmente se pone en juego en espacios de encuentro como ferias o los predios productivos. Se construye una figura de intérpretes del entorno e intermediarios del vínculo entre alimentos, naturaleza y cultura a través de una historia y experiencias productivas.

Como se refleja, la alimentación cobra importancia desde una trama de productoras y elaboradoras, procesos productivos, productos y consumidores/as. El agroturismo se constituye en la contracara de la intensificación de la producción y consumo de agroalimentos industrializados, dado que se recuesta en dinámicas productivas alternativas a pequeña escala (Pazmiño et al., 2017; Rossi, 2023).

Nos resulta necesario problematizar el papel de las mujeres rurales en el agroturismo, temática que se inscribe en estudios que ponen de relieve su trabajo y en relación a experiencias de producción de subsistencia, tendencia que se ha fortalecido en las últimas décadas en América Latina y en Argentina.

Como parte de la indagación sobre los trabajos realizados por mujeres en los espacios rurales, en la década de 1970 Claude Meillassoux (1975/1977) advertía cómo la producción femenina orientada a la subsistencia representaba una economía doméstica que aseguraba la reproducción de trabajadores “baratos” para el sector capitalista, siendo por lo tanto un espacio necesario de reproducción de la condición de clase social. El énfasis puesto en la clase social fue matizado por los abordajes feministas (Federici, 2018; Mies y Shiva, 1998), al incorporar la dimensión de género para complejizar la noción de trabajo (históricamente masculinizada) y advertir cómo el trabajo de cuidado, no pago, ha profundizado las desigualdades presentes en las dinámicas productivas.

Actualmente, se destaca, desde una perspectiva feminista, la importancia estratégica que tiene para las mujeres la agricultura y la ganadería orientada a la supervivencia y a la oportunidad de obtener mejores condiciones de vida, por lo cual, el trabajo de reproducción no solo responde a la acumulación capitalista. Federici señala que la expansión actual de huertos urbanos y experiencias de cultivos para la subsistencia son generados por mujeres, que se sobrecargan a las tareas de cuidado y constituyen las bases de alternativas a una sociedad, lo que Veronika Bennholdt-Thomsen y Maria Mies (1999) denominan la “otra” economía en la que “se sitúa la vida y todo lo necesario para reproducir y mantener la vida” (Federici, 2020, p. 278).

La sostenibilidad de la vida humana y de la naturaleza, en términos feministas, debe ser compatible con el bienestar de las personas, y “con la vocación de los territorios y el ritmo de la naturaleza” (Herrero, 2018, p. 119). En este sentido, la alimentación se torna un eje central en la vinculación entre los cuerpos y el territorio.

Retomamos a la autora Laura Cecilia Pautassi (2016), quien parte de considerar que la alimentación “conlleva una relación necesaria con el cuidado, en toda su dimensión, la cual se encuentra a su vez atravesada por diversas estrategias, experiencias y consumos que redundan en las condiciones de vida y resolución de las necesidades básicas” (2016, p. 622). En torno al cuidado, se incluyen además de la alimentación, todas las actividades indispensables para satisfacer necesidades de existencia y reproducción de las personas: “incluye el autocuidado, el cuidado directo de otras personaS, la provisión de las precondiciones en las que se realiza el cuidado y la gestión del cuidado” (Rodríguez Enríquez, 2018, p. 134) además de producir la tierra y buscar una alternativa económica familiar más vivible.

Las prácticas de cuidados -sean aisladas o coordinadas junto a otros/as-, se resuelven en una particular forma de organización del cuidado, que “desde la economía feminista se ha definido como la forma en que interrelacionadamente las familias, el Estado, el mercado y las organizaciones comunitarias, producen y distribuyen cuidado” (Pautassi, 2016, p. 622). Las mujeres producen, cuidan, nutren junto a (principalmente) otras, en tramas que representan encadenamientos múltiples y “no lineales que se dan entre los actores que participan en el cuidado, los escenarios en los cuales esto sucede, las interrelaciones que establecen entre sí y, en consecuencia, lo densa o débil que resulta la red de cuidados” (Rodríguez Enríquez, 2018, p. 134).

Cuidar la alimentación de sus familias y de otros/as a partir de la puesta a disposición de verduras, frutas, conservas y dulces en circuitos de cercanía como ferias o en los propios huertos y chacras, orienta las experiencias desde las cuales se ven involucradas las mujeres rurales de los valles de Neuquén.

En estos procesos, el agroturismo como práctica concreta y tangible en la región de los valles irrigados tiene un marco político, social, ecológico y cultural más amplio a partir de una perspectiva que atiende la soberanía alimentaria y la agroecología. La soberanía alimentaria se entiende como una propuesta filosófica y política que implica que las mismas poblaciones decidan y organicen de forma integral sus sistemas alimentarios locales. De esta manera, se garantiza el libre acceso a los recursos-bienes necesarios para la producción de alimentos saludables (tierra, agua, aire, semillas, saberes) y su distribución democrática para cubrir necesidades nutritivas y construir dietas basadas en el agroecosistema local (Pinto, 2021). Así, la soberanía alimentaria fortalece la autonomía de los/as productores/as y consumidores/as frente a modelos de producción masiva, industrializada y dependiente de mercados globales. Mientras tanto, el agroturismo permite diversificar los ingresos en los predios rurales, valorizar las prácticas agrícolas sustentables y acercar alimentos saludables a los/as consumidores/as regionales. En esta relación, las apuestas agroecológicas abren miradas integrales hacia el ecosistema-circundante (Tizón, 2025) desde las cuales la soberanía alimentaria se presenta como alternativa gestada desde los territorios al cuidarse la nutrición de los alimentos y su no contaminación.

Las tareas de cuidado a la salud y la alimentación se entrelazan con la inserción de otras lógicas en las decisiones de producción, desde las decisiones de elegir cultivar de forma agroecológica para autoconsumo hasta “abrir la chacra” a las visitas turísticas como alternativa económica. Sin embargo, esto no significa la eliminación de las históricas desigualdades de género, sino que se busca cristalizar las divisiones de trabajos productivo-reproductivo para avanzar en un análisis que comprenda los procesos sociales en la producción considerando las marcas de género (Trpin y Diez, 2024).

 

Mujeres: entre la producción, reproducción y la permanencia en los territorios

En conjunto, los análisis descritos permiten continuar investigaciones anteriores en la región sobre las transformaciones territoriales vinculadas a la producción y la consolidación de circuitos de agroturismo (Rodríguez et al., 2020; Rodríguez y Trpin, 2025). También, recupera las experiencias de las huerteras del Chañar y los significados que atraviesan sus actividades (Trpin, 2025).

Como proceso general en la región estudiada, observamos una reducción en la cantidad de productores frutícolas pequeños/as y medianos/as en los últimos 16 años (Tabla 2). Si bien, la autoridad sanitaria argentina que realiza los informes anuales aplica una perspectiva de género al discriminar entre productores y productoras (SENASA, 2025), esta es una cifra sensible dado que, en cuanto a la posesión de bienes, en Argentina solo el 20% de las mujeres son propietarias de la tierra, similar al resto de América Latina donde ese número asciende al 30% (Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina [ACMRA], 2024). Las mujeres que impulsan el agroturismo en los valles neuquinos no se encuentran entre esas cifras ya que muchas no figuran en las titularidades de los predios familiares o en los registros de productores agropecuarios, sólo en algunos casos como co-propietarias o produciendo bajo figuras de arrendamiento-comodato. En esta cuestión radica la importancia de observar, tanto para el estudio de las transformaciones territoriales como para la definición de políticas públicas, los otros espacios existentes de participación en la producción que sí integran las mujeres dentro de las ruralidades.

En el corredor de los valles irrigados neuquinos, las mujeres están presentes en múltiples espacios y formas para desarrollar estrategias frente al avance extractivista hidrocarburífero e inmobiliario. Desde la construcción de redes colaborativas como la Red de Agroturismo, el diseño de programas desde entes formativos como los CFPA y en la realización de capacitaciones como las de “Anfitrión/a Turístico/a” y “Promotor/a Turístico/a”, en huertas comunitarias como la de Valles del Chañar y en los títulos de comodato de las parcelas, en las salas de elaboración, frente al stand en las ferias, en la redefinición de producciones y apertura de las chacras a las visitas, administrando restaurantes basados en alimentos locales, en los cuidados de los cuerpos y la tierra, formulando políticas turísticas de los municipios locales, en entes públicos como el Observatorio de Violencias sosteniendo espacios de contención y defendiendo su importancia institucional, y en muchas otras expresiones que explican las transformaciones productivas. La evidencia cuantitativa de los censos de producción cumple en cuantificar el contexto y el estudio de caso destaca los roles y estrategias de las mujeres estableciendo correlaciones entre extractivismo y feminización del agroturismo.

Durante el trabajo de campo y la articulación con referentas, emergieron sentidos y ejercicios que permiten profundizar el análisis original centrado en el agroturismo y la producción. Entre estos se encuentra la incidencia de instituciones públicas locales como actores que habilitan y aportan a la organización. Así, la articulación del Observatorio de Violencias junto con la Dirección de Turismo de SPC y las chacras productivas como espacios de acompañamiento, frente a la oportunidad de combinar el impulso a productoras jóvenes, nuevos proyectos de agroturismo y necesidades de espacios de cercanía para mujeres. También, la vinculación entre la Dirección de Agroturismo de Centenario y el CFPA N.° 2 para la consolidación de redes más allá de su función formativa y la Red de Agroturismo con capacidad de negociación institucional como resultado no buscado de las capacitaciones profesionales.

En diálogo con los procesos documentados anteriormente, se identifican aportes en varias direcciones. Desde Trpin (2025) se profundiza en el rol de las huerteras y el grado de formalización de sus trabajos, ampliando la dimensión política y de género de estudios previos sobre el agroturismo. Desde las experiencias relevadas confirman lo que Álvaro (2015) define como crisis de un modelo de hacer fruticultura, más que de la actividad en sí misma, al recuperar las dificultades de una generación más joven de productoras ante la inestabilidad de precios y condiciones del mercado. La complejidad del nivel estructural de la producción señalado por la autora se traduce en el nivel observado de motivaciones y decisiones personales concretas. A su vez, a partir del marco de procesos documentado por Svampa (2018) sobre la desapropiación por el pasaje de productores/as a superficiarios/as permite ampliar su desenlace en el caso de estudio y recuperar, desde la preocupación de las protagonistas, el disparador directo de la decisión de diversificar y permanecer con el agroturismo.

Por otra parte, el objetivo de permanencia en el predio rural -enfrentando tendencias que redundan en una desagrarización- a partir de iniciativas de agroturismo, conjuga el derecho de los/as sujetos/as rurales a defender sus parcelas y a decidir qué tipo de producción y cómo producir desde pautas que no pongan en riesgo la diversidad de vidas. Mientras se incrementa la producción y el consumo de agroalimentos industrializados, en los territorios observamos el fortalecimiento de producciones a pequeña escala desde la agroecología, relacionadas con el trabajo familiar y la venta directa en cercanía. Estas últimas, buscan atender necesidades alimentarias locales, a partir de la promoción del consumo de productos sanos y frescos.

Por último, frente a los estudios que describen la diferenciación social entre productores en términos productivos e identitarios según en su capacidad de capitalización (Bendini y Tsakoumagkos, 2003), interesa el aporte desde las metodologías feministas al poder entrelazarlas con una diferenciación de género intrafamiliar, desde el cuestionamiento a la división tradicional de tareas que se reserva para los hombres de una familia productora en la toma de decisiones económicas y de tareas de fuerza en el predio. Desde la noción de la distribución sexual del trabajo productivo y reproductivo, el rol designado histórica y socialmente a las mujeres, a cargo de la reproducción mediante el cuidado comienza a visibilizarse como trabajo y a complejizarse por las diversas tareas de cuidado de la salud y la alimentación que se resuelven en el espacio doméstico y productivo (Bertullo, 2019). En el marco de la economía feminista, se cuestiona el exclusivo análisis en las relaciones monetarias y transacciones económicas vinculadas al turismo y la producción como únicas relaciones que aportan valor, y los supuestos sobre el egoísmo y la competencia como fuerzas motrices de las conductas individuales (Federici, 2018). Esta economía sitúa en el centro las “otras” tareas que permiten la vida, principalmente las de reproducción social (biológica y de la fuerza de trabajo) para considerar las tareas de cuidado, parte imprescindible de la producción del capital. Se advierten las desigualdades de género, la importancia de la cooperación en las relaciones sociales e incorpora el reconocimiento del trabajo femenino que las mujeres realizan a la par de los hombres en las producciones pero que ha sido invisibilizado como “ayuda” (Trpin, 2025).

Desde una perspectiva de género, la división clásica construida en la división sexual del trabajo de quién sale al ámbito público y quién permanece restringido al ámbito privado, comienza a complejizarse en estos casos, donde las tareas reproductivas se entrelazan con las productivas y las mujeres tienen mayor injerencia en las decisiones éticas de lo que se produce, su modalidad y los otros usos y actividades que tienen lugar en el predio productivo.

A diferencia de estudios centrados en las prácticas específicas de manifestación de mujeres ante conflictos extractivistas (Salazar Ramírez, 2017), en el caso de estudio los hallazgos se enfocan en la resignificación de prácticas cotidianas y la exploración de nuevas estratégicas con densidad política. Sin embargo, coinciden con otros hallazgos al señalar las dobles jornadas laborales y la sobrecarga de tareas de estas mujeres que mantienen trabajos en el ámbito rural-urbano y privado del hogar y la dedicación al agroturismo también durante sus momentos de descanso, principalmente durante vacaciones en temporada turística y fines de semana.

Las limitaciones se centran en el tamaño y alcance muestral de las 10 experiencias sistematizadas ya el objetivo metodológico buscaba la profundidad cualitativa desde informantes mujeres sobre sus propias experiencias, más que una actualización estadística que implicaría otros requerimientos. A su vez, se requiere cautela para extender los resultados a otros territorios presionados por el extractivismo hidrocarburífero e inmobiliario ya que, en este caso, el alcance geográfico está circunscrito al valle irrigado del río Neuquén en los Departamentos de Confluencia y Añelo en los bordes de la Región Vaca Muerta, Neuquén.

 

CONCLUSIONES

Este artículo se focaliza en las experiencias protagonizadas por mujeres rurales que, frente a la crisis estructural de la producción familiar y la presión expansiva del extractivismo hidrocarburífero en Neuquén, sostienen una respuesta socioeconómica basada en el cuidado. Lejos de ser meras víctimas de la transformación territorial, estas mujeres se erigen como sujetas políticas que, desde una resignificación del cuidado, articulan resistencia, innovación productiva y defensa del territorio.

Los hallazgos del trabajo de campo permiten afirmar que las experiencias de agroturismo y producción agroalimentaria artesanal en la región no constituyen simples estrategias de diversificación económica. Por el contrario, representan proyectos políticos feminizados expresados en prácticas colectivas, como la Red de Agroturismo o los espacios de encuentro del Observatorio de Violencia de Género municipal.

Desde el estudio realizado, se observa cómo las mujeres transforman e insertan el trabajo reproductivo históricamente invisibilizado – el cuidado de la salud, la alimentación y la familia– en el núcleo de prácticas productivas alternativas (agroecología, agroturismo) que priorizan la sostenibilidad de la vida. Por una parte, desafían la división sexual del trabajo al subvertir los roles de género tradicionales (“el hombre productor, la mujer ayudante”) posicionando a las mujeres como titulares de saberes y comodatos, tomadoras de decisiones y líderes en la gestión de la tierra y en la articulación de redes comunitarias. Ellas junto a las nuevas generaciones con sus iniciativas empujan la transformación de las desigualdades presentes en la producción agraria y las relaciones sociales de género (Federici, 2018; Lara Flores, 1994). Por otra parte, al promover circuitos cortos de comercialización, la producción agroecológica y el vínculo directo con consumidores/as, estas iniciativas materializan principios de soberanía alimentaria, reafirmando el derecho a decidir sobre los sistemas alimentarios locales frente a lógicas globalizadas y extractivas.

Se concluye que las tendencias de articulación de producción de agroalimentos, agroecología y agroturismo desbordan la esfera económica. Se trata de un proceso de re-feminización del espacio rural con implicancias profundas: donde el capitalismo extractivo y agroindustrial ve un recurso a explotar o un espacio en crisis, las mujeres con las que se trabajó están construyendo, desde los cuidados, un territorio vivo, saludable y habitable, no sin esfuerzo y resistencia. Su labor evidencia que la sostenibilidad de la vida en los valles irrigados neuquinos depende, en gran medida, de reconocer y apoyar estas economías feministas y ecoterritoriales que entretejen producción, reproducción y resistencia en un mismo hacer.

Este proceso de incidencia territorial tiene un fuerte componente de articulación colectiva y resistencia frente a la crisis del modelo agroindustrial, la presión extractivista y la precarización de los pequeños/as y medianos/as productores/as. Las mujeres rurales entrelazan el trabajo productivo y reproductivo en redes de cuidado que sostienen la vida en todas sus dimensiones, mostrando que no existen definiciones estáticas entre lo productivo y lo reproductivo, sino un conjunto dinámico y complejo de prácticas que garantizan la sostenibilidad de sus territorios y modelos de vida. El concepto de territorio permite entender estos procesos, ya que implica el control físico sobre la tierra y la construcción de identidades, derechos y proyectos de vida que ponen en tensión la lógica extractiva y mercantil dominante.

Al comenzar este estudio fue visible el protagonismo de mujeres productoras y huerteras en predios de cultivo agroecológico, en la elaboración de dulces y conservas, en los puestos de venta en las ferias locales y como anfitrionas en sus chacras. Las preguntas surgieron casi espontáneamente: ¿Qué mueve a estas mujeres a sostener dichas prácticas? ¿Cómo se ensambla la producción de alimentos y el agroturismo en un contexto de expansión extractivista? ¿Qué relación tienen estas experiencias con la sostenibilidad de la vida y el cuidado? La perspectiva de género ofrece herramientas conceptuales para advertir los límites de la dualización producción/reproducción y complejizar dinámicas económicas con la sostenibilidad de la vida. Yayo Herrero indica la urgencia de recuperar “una economía adecuada a los seres humanos, la producción tiene que ser una categoría ligada al mantenimiento de la vida y del bienestar de las personas” (2018, p. 119).

En síntesis, este artículo se focaliza, desde la economía feminista y los estudios rurales, en mostrar cómo la perspectiva de género es indispensable para comprender las transformaciones y alternativas en los territorios agrarios contemporáneos. El desafío radica en que las políticas públicas visibilicen y que apuntalen activamente estas redes lideradas por mujeres con la perspectiva de género de forma transversal. Algunas formas de implementarlo sería impulsar programas de acceso a la tenencia de tierras con figuras de co-propiedad o propiedades comunitarias, reconocerlas como anfitrionas y la importancia de los roles femeninos en la conformación del sistema agroalimentario regional, garantizar su participación y expresión en los espacios de toma de decisiones, acompañar activamente los proyectos de mujeres rurales y adecuar los formatos de programas de financiamiento o capacitaciones a sus necesidades y motivaciones, considerando las desigualdades en el acceso a la información, recursos, disponibilidades de traslados y tiempos que presionan las vidas femeninas en la ruralidad, entre otras. Finalmente, que las acciones cuenten con respaldo normativo y se genere conocimiento sobre su situación resulta fundamental tanto para su continuidad como para la contribución a legitimar y producir su papel en la producción de agroalimentos y en actividades vinculadas, como el agroturismo.

Abrir las tranqueras de las chacras, conversar con los/as visitantes de las ferias locales, mostrar la tierra y cómo se produce permite re-humanizar los alimentos y pone en valor el trabajo históricamente invisibilizado de las mujeres rurales.

 

Notas

1  Proyecto “Red de agroturismo inteligente en la provincia del Neuquén”, financiado por el COFECYT, del cual participan las autoras y la Dra. María Daniela Rodríguez y “Transformaciones territoriales en la norpatagonia. Extractivismos y procesos socioambientales” (UNCo), ambos dirigidos por Trpin, Verónica (IPEHCS-CONICET-UNCo).

2  En este proceso se distinguen al menos cuatro hechos relevantes: “a) El reemplazo del informante hombre por informantes mujeres. b) La selección de temas específicos de la experiencia de las mujeres que no podrían ser rastreados más que a través de ellas mismas. c) El reconocimiento de las interacciones entre mujeres en el campo de la investigación empírica” (Castañeda Salgado, 2006, p. 37).

3  El término “chacra” se refiere a terrenos pequeños y medianos dedicados a la agricultura, tradicionalmente de entre 5 y 20 hectáreas. En el valle productivo de Neuquén, la producción se sostuvo históricamente por familias de origen europeo que llegaron a la zona en las primeras décadas del siglo XX.

4  Integrada por al menos 25 productores/as y elaboradores/as de las localidades de Centenario y Vista Alegre principalmente.

5  El megaproyecto Vaca Muerta, desde el acuerdo Ypf-Chevron aprobado en la Legislatura de Neuquén en el año 2013, representa en Neuquén la consolidación de un modelo de desarrollo nodal para la economía neuquina, dado que dicha área constituye el yacimiento de gas y petróleo no convencional (el segundo más grande a nivel mundial en gas y el cuarto en petróleo), y que debe ser explotado mediante la tecnología de fracking, es decir mediante fractura hidráulica (OPSUR, 2020).

6  Los nombres han sido cambiados para mantener el anonimato.

7  Camiones utilizados por empresas de servicios hidrocarburíferos con tecnología para realizar relevamientos de la ubicación de yacimientos o reservas de hidrocarburos. Funcionan realizando vibraciones en el suelo para obtener información sobre las formaciones subterráneas.

8  Ley Nacional argentina N.° 17.319/1967.

 

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Información sobre las Autoras

María Luján Santamarina. Licenciada en Turismo, becaria graduada de investigación de la Universidad Nacional del Comahue. Maestranda en Desarrollo y Gestión Territorial, Universidad Nacional del Sur. Email: lsantamarina@fatu-uncoma.com.ar

Verónica Trpin. Doctora en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones. Investigadora y directora del Instituto Patagónico en Estudios en Humanidades y Ciencias Sociales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

 

Conflicto de Interés

Las autoras declaran no poseer conflictos de intereses.

 

Fuente de Financiamiento

Proyecto “Red de agroturismo inteligente en la provincia del Neuquén” del cual participan las autoras y la Dra. Maria Daniela Rodriguez, financiado por el COFECYT desarrollado por Instituto Patagónico en Estudios en Humanidades y Ciencias Sociales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). También del proyecto de investigación “Transformaciones territoriales en la norpatagonia. Extractivismos y procesos socioambientales” (UNCo), dirigidos por Trpin, Verónica (IPEHCS-CONICET-UNCo).

 

Agradecimientos

Las autoras agradecen a las elaboradoras y productoras del valle por su colaboración y a los organismos públicos locales por la información proporcionada.

 

Declaración de Preprints

Este manuscrito no ha sido publicado previamente como preprint en ningún repositorio.

 

Declaración de revisión por pares

Este artículo fue evaluado mediante un proceso de revisión por pares anónimos, conforme al procedimiento de transparencia editorial de la revista. Las observaciones y sugerencias de los revisores fueron consideradas por las autoras hasta alcanzar la versión final publicada, garantizando la integridad científica del trabajo y la confidencialidad de los evaluadores.

 

Disponibilidad de Datos

Los conjuntos de datos generados y/o analizados durante el estudio están disponibles previa solicitud a la autora correspondiente. Email: lsantamarina@fatu-uncoma.com.ar

 

CITA

Santamarina, M, L., y Trpin, V. (2026). Entre la tierra y la feria: agroturismo y género en las ruralidades del Alto Valle de Neuquén, Patagonia Argentina. Kera yvoty: reflexiones sobre la cuestión social, 11, e6655. https://doi.org/10.54549/ky.2026.11.e6655