Estrategias de subsistencia en contexto de pobreza. Perspectivas e intersecciones conceptuales
Subsistence strategies in the context of poverty. Perspectives and conceptual intersectionsy
Edith Jacqueline Velázquez Haurón2,3 ![]()
1 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Instituto de Estudios Sociales y Humanos. Posadas, Argentina.
2 Universidad Autónoma de Encarnación. Encarnación, Paraguay.
3 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACYT. Paraguay.
Correspondencia: matias.denis@unae.edu.py
resumen
El artículo desarrolla una reflexión teórico-conceptual sobre las estrategias de subsistencia en contextos de pobreza, entendidas como prácticas complejas que los hogares y familias despliegan para enfrentar la precariedad material y social derivada de crisis recurrentes, transformaciones macroestructurales y la reducción de políticas estatales de protección. A partir de una revisión crítica y comparativa de literatura especializada producida entre 1970 y 2020, con énfasis en América Latina, se identifican convergencias, divergencias y tensiones conceptuales en torno a categorías centrales como la organización doméstica del trabajo, los ingresos monetarios y no monetarios, las actividades autoproductivas, la asistencia social y las redes de apoyo, consideradas estas últimas como sistemas informales de seguridad que operan a través de la reciprocidad y el capital social. Los hallazgos muestran que las estrategias de subsistencia exceden el plano económico, incorporando dimensiones sociales y culturales que modelan estilos de vida y condicionan procesos de reproducción cotidiana. Se constata la relevancia de la redistribución de roles intrafamiliares, la diversificación de fuentes de ingreso y la utilización de recursos comunitarios como respuestas adaptativas frente a la vulnerabilidad. La discusión subraya la tensión entre prácticas reproductivas, orientadas a sostener rutinas y estructuras establecidas, y prácticas transformativas, que permiten introducir cambios e innovaciones en escenarios de adversidad, situando el debate en la relación entre determinismo estructural y agencia. Se concluye que las estrategias de subsistencia constituyen un fenómeno dinámico y multidimensional cuya comprensión requiere un enfoque interseccional y contextualizado, indispensable para orientar políticas públicas que fortalezcan resiliencia, autonomía e inclusión social.
Palabras clave: organización doméstica, recursos, agencia, reproducción, transformación.
abstract
This article develops a theoretical-conceptual reflection on subsistence strategies in contexts of poverty, understood as complex practices that households and families deploy to cope with material and social precariousness derived from recurrent crises, macrostructural transformations, and the reduction of state protection policies. Based on a critical and comparative review of specialized literature produced between 1970 and 2020, with particular emphasis on Latin America, the study identifies convergences, divergences, and conceptual tensions surrounding core categories such as domestic organization of work, monetary and non-monetary income, self-productive activities, social assistance, and support networks, the latter regarded as informal security systems operating through reciprocity and social capital. The findings reveal that subsistence strategies transcend the economic sphere, incorporating social and cultural dimensions that shape lifestyles and condition processes of everyday reproduction. Likewise, the analysis highlights the importance of intra-household role redistribution, diversification of income sources, and reliance on community resources as adaptive responses to vulnerability. The discussion emphasizes the tension between reproductive practices, oriented toward sustaining routines and established structures, and transformative practices, which allow for change and innovation in adverse scenarios, thereby situating the debate in the relationship between structural determinism and agency. The article concludes that subsistence strategies constitute a dynamic and multidimensional phenomenon whose understanding requires an intersectional and contextualized approach, essential for designing public policies that strengthen resilience, promote autonomy, and foster social inclusion.
Keywords: domestic organization, resources, agency, reproduction, transformation.
introducción
El presente trabajo se enmarca dentro de los resultados teóricos preliminares del Proyecto “PINV01-1005: Vulnerabilidad y estrategias de subsistencia de familias relocalizadas en conjuntos habitacionales en la ciudad de Encarnación, Itapúa. Diagnóstico y diseño de políticas.”, proyecto cofinanciado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) con recursos del FEEI.
En la actualidad, la problemática del sustento alimenticio y de las condiciones de vida de los sectores más carenciados de la sociedad se encuentran indisolublemente ligadas a cuestiones de las estrategias de subsistencia, tanto como prácticas individuales y/o colectivas de las familias u hogares. Esta problemática es frecuentemente estudiada en contextos de cambios sociales, crisis económicas y sus efectos transformativos.
Los procesos de vulnerabilidad signados por los cambios en los procesos macro sociales repercuten directamente en las condiciones de vida de los sectores carenciados, ampliando o intensificando sus niveles de pobrezas; así, la sostenida caída (escasez) de ingresos, el deterioro de las condiciones de empleo, la reducción de las políticas sociales del Estado (entre otros factores) inciden en el proceso de reproducción de estos colectivos sociales, impulsándolos de esta manera a introducir cambios y reajustes a nivel de sus estrategias domésticas. En tal sentido el ámbito doméstico aparece como el espacio en el que se procesan las decisiones (los cambios y reacomodos) necesarias para alcanzar la subsistencia y la reproducción.
En la contextualización anterior resulta importante señalar que, frente a las transformaciones y reestructuraciones que operan al interior de la sociedad, lo significativo de la presente discusión apunta a centrar el análisis en las modalidades de subsistencia de aquellos individuos y sectores que se encuentran crecientemente excluidos y desafilados del circuito ordinario de los intercambios sociales (Levín, 1997); situación que ha profundizado la distancia que los separa de las formas de participación en la vida social y urbana. De esta manera, se deberá enfatizar el análisis de aquellas situaciones concretas que acarrearían serias dificultades para sostener la sobrevivencia, así como en las alteraciones/transformaciones generadas sobre aquellas prácticas concernientes a la satisfacción de los distintos aspectos de sus necesidades materiales y sociales.
Más allá de la pobreza, las experiencias de crisis coyunturales (económicas y sociales) implican situaciones adversas de arrastre para los sectores populares. Levín (1997) señala que tales procesos actúan transformando la estructura y composición de la familia, incluyendo la destrucción de sus capacidades productivas internas e incrementando la carencia y la vulnerabilidad, situación que actualmente se agrava debido a la más reciente crisis del Estado que conduce a un descenso en la cantidad y calidad de los servicios compensatorios dirigidos a los pobres.
En este manuscrito, nos proponemos reflexionar, a la luz de los aportes teóricos, las modalidades de respuestas posibles que despliegan los sectores populares a fin de enfrentar las situaciones adversas a las que potencialmente pueden verse sometidos. En tal sentido, el estudio de las estrategias construidas en el ámbito doméstico adquiere inusitada relevancia. De allí que surgen algunos interrogantes guías: ¿Qué hacen los sectores populares urbanos para sobrevivir en una coyuntura de crisis? ¿Qué hace recaer sobre ellos mayores costos económicos y sociales? ¿Cuáles son las respuestas que despliegan cuando son forzados a abandonar sus asentamientos? y ¿Cuáles serán sus necesidades, limitaciones y posibilidades en un escenario de adversidades para el sustento?
Metodología
Este artículo se basa en una investigación de carácter teórico-conceptual cuyo objetivo fue explorar perspectivas conceptuales, teóricas y analíticas para el abordaje del estudio de las estrategias de subsistencia en contexto de pobreza o vulnerabilidad social.
Se procedió a una revisión crítica de la literatura académica especializada en tópicos relativos a estrategias familiares de vida, estrategias de subsistencia, y estrategias de supervivencia publicada entre los años 1970-2020, seleccionada a partir de su relevancia empírica y científica para la región latinoamericana. Se aplicó un enfoque comparativo y crítico con el propósito de identificar convergencias, divergencias y tensiones en los debates teóricos. El análisis se organizó en torno a dimensiones tales como: organización doméstica del trabajo, ingresos monetarios y no monetarios, redes de captación de recursos, actividades auto productivas domiciliarias, entre otras, que se incorporaron en los debates.
Si bien, no se pretendió una revisión exhaustiva, el recorte permitió construir un marco interpretativo consistente para abordar la problemática planteada. Finalmente, se articuló la discusión a dimensiones constructivistas de las prácticas sociales con atención a la noción de agencia, lo que permitió construir y proponer un esquema conceptual para el estudio de las estrategias de subsistencia domésticas en contextos de pobreza e incertidumbre incrementada.
Principales debates conceptuales entorno a la noción de estrategias de supervivencia
En las ciencias sociales, la problemática de las “estrategias familiares de subsistencia” —también llamadas de sobrevivencia, de vida, o de reproducción— constituye un campo interdisciplinario para la convergencia de perspectivas teóricas y metodológicas (Cuéllar Saavedra, 2013). La discusión centrada en la familia u hogar —a veces entendida como unidad doméstica— constituye uno de los ejes básicos para el abordaje del estudio de las estrategias de subsistencia. En esta dirección, la delimitación del grupo familiar como un todo estructurado, en donde sus miembros —individualidades que lo conforman— aparecen subsumidos dentro del colectivo doméstico es una perspectiva que cobra significativa importancia en tanto unidad colectiva que genera estrategias.
De modo general, existen enfoques y abordajes sobre los medios de vida en conjunto con las estrategias, es decir, se refieren a los medios, derechos, actividades y activos con los que las personas se ganan la vida (Elasha et al., 2005). En América Latina, la utilización del concepto de estrategia se generaliza en las ciencias sociales junto a los desarrollos teóricos sobre la pobreza como marginalidad (Massa, 2010). La noción de estrategias de supervivencia fue inicialmente presentada en una investigación de Duque y Pastrana (1973), quienes se propusieron examinar cómo las familias de los campamentos del Gran Santiago (Chile) lograban mantener su subsistencia.
Más allá de la reproducción biológica, el enfoque se centraba en la subsistencia económica de estas familias dentro del contexto social estudiado. Duque y Pastrana describen las estrategias como una forma de “reorganización de roles dentro de las unidades familiares, donde se destaca la contribución económica de todos los miembros, incluida la madre, los hijos mayores y menores, los allegados y los parientes cercanos” (Duque y Pastrana, 1973, p.42).
Las estrategias generan resultados en materia de subsistencia y los objetivos que las personas planean alcanzar. Esto incluye mayores ingresos, menor vulnerabilidad, mayor seguridad alimentaria, previsibilidad y mayor bienestar (Alinovi et al., 2010; Farrington et al., 2002; Mulugeta, 2009). Más al fondo de esta discusión teórica, es relevante aludir al concepto de Estrategias Familiares de Vida, inicialmente propuesto por Susana Torrado (1980). En su concepción refiere al “conjunto de comportamientos —estando determinados por la posición social o pertenencia de clase— a través de los cuales los agentes sociales aseguran su reproducción biológica y optimizan sus condiciones materiales y no materiales de existencia” (Torrado, 1980, p. 3). Aquí, la impronta del concepto de estrategia refiere a una categoría dependiente de una “determinación de clase”, donde los estilos de vida y las estrategias serían prácticas supeditadas a las posiciones socio-económicas de los grupos domésticos que la realizan.
En sus inicios, entre los años 1970 y 1980, la discusión de las estrategias de vida giraba en torno a las cuestiones de clases sociales y familias como instancias que demarcaban niveles de análisis y relaciones entre fenómenos de nivel macrosocial —las estructuras— y los de nivel microsocial —las acciones o prácticas— (Vallejos y Leotta, 2013; Gutiérrez, 2007).
Para Torrado (1980) hay dimensiones cruciales en el análisis de las estrategias de vida entre los sectores populares, como son: a) constitución de la unidad familiar; b) procreación; c) preservación de la vida; d) socialización y aprendizaje; e) ciclo de vida familiar; f) división familiar del trabajo; g) organización del consumo familiar; h) migraciones laborales; i) localización residencial; j) allegamiento cohabitacional; k) cooperación extrafamiliar (Torrado, 1980).
En la discusión del sustento de los sectores populares también se ha apelado al concepto de estrategias de supervivencia, con énfasis en la supervivencia económica, o de reproducción material, en torno a prácticas específicas de ciertos grupos diferenciados (Arguello, 1981). Las limitaciones de los alcances de la categoría supervivencia llevaron a Torrado a delimitar el concepto de “estrategias familiares de vida” como delimitación de un fenómeno social más amplio y complejo en comparación con las estrategias de supervivencia. Si bien estas últimas forman parte de las estrategias de vida de ciertos grupos sociales, es importante no eliminar las dimensiones más específicas que abordan cuestiones particulares de la realidad social. Según Arguello (1981) “De lo contrario, debiéramos arrojar por la borda conceptos como los de socialización y aprendizaje; migraciones laborales; o división familiar del trabajo, que también hacen parte de los comportamientos básicos enumerados por Torrado dentro de los componentes de las estrategias familiares de vida” (p.193).
Una contribución metodológica adicional consiste en la integración de enfoques microsociales y macrosociales a través de la creación de conceptos que vinculan los cambios en los hogares o grupos sociales específicos con procesos más amplios de transformación social y económica, así como con cambios en comunidades y áreas metropolitanas. A partir de este enfoque, se reintrodujo el concepto de estrategia de sobrevivencia, abarcando las prácticas colectivas y domésticas de los sectores populares urbanos en diferentes dimensiones y temporalidades. Un concepto que se extendió, más tarde, a estrategias de reproducción, que incluyen a los sectores medios empobrecidos, dando origen a conceptos como estrategias residenciales, útiles para analizar cómo diferentes sectores sociales abordan sus necesidades de vivienda en el contexto de la fragmentación metropolitana (Cariola, 2002).
Desde la perspectiva de Gutiérrez (2007), las estrategias de supervivencia o subsistencia son un tipo familiar de respuesta donde el objetivo es el de minimizar la inseguridad, reducir la incertidumbre y maximizar la utilización de los escasos recursos disponibles. Generalmente, los grupos domésticos (hogares o familias) que construyen estrategias desarrollan prácticas en “economías paralelas” que, frecuentemente, comienzan al final de las cadenas tróficas del ecosistema urbano central.
En muchos casos la carencia de recursos los condiciona a desarrollar prácticas y actividades como un aporte complementario de ingresos que no pueden o no quieren declarar, es decir, estrategias de subsistencias a veces vinculadas a prácticas ilegales y delictivas como una alternativa de obtención de satisfactores (Wacquant, 2007; Brites, 2007). Entre los más pobres, el conjunto de adversidades ocasiona excesos de incertidumbres y una “cultura del riesgo” con incidencia en la denominada inseguridad social (Castel, 2004). Así, las altas tasas de desempleo, empleos precarios, de actividades marginales, así como la degradación del hábitat, los delitos y drogas son factores causantes de inseguridad.
Realizando una disquisición del concepto de estrategia, éste alude a la deliberación, conciencia e intencionalidad por parte de los grupos que la despliegan; así el concepto implica levantar un conjunto de problemas teóricos y metodológicos (Brites, 2007, 2015), es decir que supone la fijación de objetivos entre alternativas y la elección —y control— de los medios para alcanzarla. En este sentido, hablar de estrategias —en términos de prácticas— implica reconocer un conjunto de actividades desarrolladas que se orientan, fundamentalmente, a fines y para los cuales el grupo doméstico cuenta con un conjunto de medios. Este tipo de actividades son las que pueden conceptualizarse como estrategias. No obstante, los fines y los medios no son escogidos de manera arbitraria, sino que responden a condicionamientos sociales, económicos, etc. (Torres, 1985).
El estudio de las estrategias domésticas en contexto de precariedad y pobreza —sobre todo en coyunturas de crisis— refiere a la falta de ingresos suficientes y regulares y, por tanto, a la emergencia de prácticas y actividades orientadas por una lógica que busca optimizar los recursos escasos disponibles (Cariola, 1988). De modo que las estrategias son planteadas para minimizar las situaciones de inseguridad; reducir la incertidumbre y maximizar la utilización de los escasos recursos disponibles (Campbell, 1980; Leeds, 1973; Mulubiran, 2021).
La noción de estrategia remite a cómo se articula un conjunto de prácticas, comportamientos y relaciones desplegadas para darle viabilidad a un objetivo fundamental: lograr determinado nivel de satisfacción de necesidades de las unidades domésticas, en las mejores condiciones posibles y dentro de los límites que fijan las condiciones estructurales. Aunque es destacable que, en un contexto de pobreza, estas estrategias adquieren un carácter netamente inmediatista, lo que incide en el abandono de las expectativas de largo plazo. Se ha ido conformando un modo de vida donde lo central es sobrevivir día a día y se ha alejado la esperanza de salir de la pobreza (Cariola et al. 1992).
De acuerdo con Arredondo Velázquez y González Alcalá (2013), el estudio de las estrategias de supervivencia se enfoca en el análisis de la estructura, composición y ciclo doméstico del hogar en que, además, aparecen perspectivas para abordar la supervivencia de los pobres. Éstas incluyen la crucial importancia de las redes que resaltan las capacidades colectivas, como la sinergia generada por la acción de diferentes grupos domésticos unidos en su lucha por sobrevivir; la integración de la vulnerabilidad, activos y estructura de oportunidades, una trilogía orientada a analizar las capacidades de los hogares y las oportunidades y limitaciones sociales para su desarrollo; y una orientación que se centra en el ciclo de vida, analizando las estrategias familiares de supervivencia desde la perspectiva de los cambios socioculturales e institucionales (Arredondo Velázquez y González Alcalá, 2013).
En los últimos tiempos, el estudio de las estrategias de subsistencia ha adquirido inusitada importancia, sobre todo en las sucesivas crisis económicas y políticas que generalmente degradan el poder adquisitivo de los sectores sociales más vulnerables. Los Estados se ven cada vez más limitados para sostener sus funciones de protección, porque sus recursos se reducen ante fenómenos como la desterritorialización, la falta de financiamiento y la evasión fiscal. Esa falta de capacidad no queda en el plano abstracto, sino que golpea la vida diaria de quienes ya cargan con mayores dificultades: personas desempleadas, trabajadores con empleos inestables, mujeres, adultos mayores, jóvenes y familias que crían solas a sus hijos. En el espacio urbano de las ciudades, esta situación se hace visible y genera choques constantes entre lo que los municipios están obligados a cubrir en términos formales y las verdaderas necesidades sociales que terminan concentrándose en su territorio (Subirats, 2019).
Desde un punto de vista que integra ecología y pobreza, Bartolomé (1985) propuso el concepto de “estrategias adaptativas” como un modelo que intentó recoger un conjunto de procedimientos y mecanismos para la selección y utilización de recursos del medio, que forma parte del sistema de supervivencia de los pobres urbanos. De este modo, frente a la situación concreta que plantea la crisis, como la vulnerabilidad social y económica, las unidades domésticas despliegan una diversidad de respuestas estratégicas, respuestas que tienen como finalidad sostener la subsistencia y reproducción. Así, “la estructura del grupo doméstico constituye no sólo un objetivo de las estrategias, sino precisamente un componente instrumental de dichas estrategias” (Bartolomé; 1985, p. 91).
Las estrategias desplegadas en el ámbito doméstico establecen un conjunto de prácticas tendientes a organizar y movilizar los recursos que se hallan a su alcance, tales como: números de personas y trabajadores, ingresos monetarios y no monetarios, trabajo doméstico, bienes tangibles e intangibles, tiempo, relaciones sociales instrumentales e información estratégica (Bartolomé, 1985; Borsotti, 1981).
Desde el punto de vista de las acciones del grupo doméstico y su vinculación para sortear las adversidades del medio, la “estrategia de sobrevivencia es un concepto que encierra un conjunto de acciones típicas tendientes a permitir a los pobres acceder a un umbral material mínimo indispensable para mantener su existencia, tanto en lo individual como en lo familiar y social, se les concibe también como estrategias de reproducción social” (Arredondo Velázquez y González Alcalá, 2013, p.19).
La polémica centrada en la unidad doméstica –como unidad de análisis– constituye entonces uno de los ejes básicos para el abordaje de los estudios sobre las estrategias. En esta dirección, la pertinencia de la unidad doméstica como un todo estructurado, en donde sus miembros —individuos que lo conforman— aparecen subsumidos dentro del colectivo doméstico, cobra significativa importancia en tanto “unidad colectiva que genera una estrategia”. Esta perspectiva toma como punto de partida la consideración de la unidad doméstica como unidad de análisis para concebir las estrategias, incorporando a su vez en su abordaje la condición de “actor social” de dichas unidades (Villasmil Prieto, 1998, p. 80). De esta manera, independientemente de la consideración de los individuos interactuantes, prevalece la importancia de la unidad doméstica como el ámbito en que se generan comportamientos y actividades constitutivas de prácticas estratégicas.
Siguiendo a la misma autora, desde una perspectiva antropológica se busca comprender la unidad doméstica a través de sus relaciones sociales y obligaciones mutuas, que sirven como base para su cohesión. Es fundamental discutir cómo el acceso a bienes materiales impacta en la producción y reproducción de las unidades domésticas, así como la relevancia de los componentes culturales en la configuración de diferentes estilos de vida dentro de ellas. En este sentido, se puede deducir que los hábitos cotidianos están influenciados por la disponibilidad de recursos económicos. Sin embargo, es igualmente importante identificar cómo el entorno social limita y posibilita pautas de comportamientos socioeconómicos.
El aporte de las redes sociales
El recurso al planteamiento de la problemática de las estrategias en términos de “redes” se inscribe aquí en la lógica de un análisis de tipo micro, en donde la noción de red social se convierte en una herramienta predilecta para el abordaje de las estrategias domésticas. Las redes sociales “consisten en un complejo sistema de vínculos que permiten o posibilitan la canalización de recursos —bienes y servicios—, tanto materiales como inmateriales, en el marco de las relaciones establecidas entre sus miembros” (Bertrand, 2012, p.12). Así, el análisis de “las redes y relaciones sociales” no es en ningún momento un fin en sí mismo, sino un medio que permite comprender cómo operan las relaciones sociales en el marco de las estrategias de subsistencia de aquellos sectores carenciados (Brites, 2007).
Generalmente, las condiciones de precariedad y pobreza en la que se hallan inmersos los sectores carenciados obligan a que las unidades domésticas generen nuevas modalidades organizativas y a maximizar el establecimiento de relaciones de carácter instrumental, como son la generación de redes de relaciones intracomunitarias y clientelistas con individuos influyentes1 (Bott,1957; Barnes, 1962). Estas redes de relaciones, valoradas entre los pobres, constituyen un “capital social”: el conjunto de medios y estrategias de infiltración (relaciones y recomendaciones, técnicas de sociabilidad y de hacer valer) que un individuo o familia tienen en grados de rentabilidad muy desiguales y dependiendo de su posición en el marco de los entornos relacionales (Requena Santos, 2024).
Los estudios de Lomnitz (1975) concurren a destacar que las prácticas económicas domésticas también están mediatizadas a partir de un campo de relaciones a través del cual se canalizan recursos; redes sociales que constituyen un “sistema de seguridad social informal”, en cuanto a que la satisfacción de las necesidades domésticas reposa —en parte—sobre la base de una trama de relaciones generada para tales fines. En este sentido el campo de relaciones generado por los marginados representa parte de un sistema económico informal, paralelo a la economía de mercado, que se caracteriza por el aprovechamiento de los recursos sociales y que opera basándose en el principio de intercambio recíproco. En otras palabras, los mecanismos de reproducción social operan a través de los “sistemas morales” (Ortiz Sandoval, 2007). Así la constitución de redes de relaciones aparece como una respuesta evolutiva plenamente vital y relacionada a las condiciones extremas de la vida marginada del mercado formal. Estas redes de intercambios representan el mecanismo socio-económico que viene a suplir la falta de seguridad social. Como sostiene Lomnitz (1975):
La pertenencia a una red de intercambio no es obstáculo para la participación de sus miembros en el mercado de trabajo, hasta donde tengan acceso a él. La función económica de la red de intercambio se limita a producir seguridad: es un mecanismo de emergencia necesaria porque ni el intercambio de mercado, ni la redistribución a nivel nacional garantizan su supervivencia. Por lo demás la red de intercambio utiliza plenamente uno de los pocos recursos que posee el marginado: sus recursos sociales. (p. 26)
El acceso a redes sociales puede ser analizado desde la perspectiva del capital social y su funcionalidad para movilizar recursos por parte de los actores sociales. En este sentido, Coleman (1990) señala que el Capital Social más allá de sus posibilidades de producción de sentimientos compartidos, y pertenencia social a comunidades y redes, brinda la posibilidad de acceder a distintos tipos de recursos que circulan en redes y comunidades.
Por otro lado, las redes se basan en relaciones informales donde el compromiso personal y la solidaridad son aspectos fundamentales en el ámbito de la vida cotidiana (Moguel Viveros y Moreno Andrade, 2005). Además, el concepto de redes en alusión a los espacios de interacción social permite evaluar las nuevas formas de organización social, conformadas por personas y grupos que están interconectados y comparten valores y una identidad en común.
Las redes sociales, en tanto conexiones sociales, adquieren fundamental importancia para el acceso a recursos como el trabajo o las ayudas. Como sostienen Blakely y Snyder (1997), “no hay contrato social sin contacto social” (p. 22). En otras palabras, la posibilidad de obtención de variados recursos materiales e inmateriales, como conseguir changas, “pedir fiado” o recibir ayuda de vecinos para situaciones de emergencia; dependen de los lazos sociales de confianza que tienen multipropósitos (Brites, 2011).
Las redes funcionarían como un recurso constante que tiene la potencialidad de activarse en momentos de crisis, siendo útiles para la información, ayudas, préstamos y acceso a trabajos, es decir, el grupo de personas que están involucradas lo hacen sobre la base de la confianza y la reciprocidad (Vallejos y Leotta, 2013).
De allí que la inversión en relaciones, de amistad y contactos, juega un papel crucial. Contactos y relaciones informales constituyen canales de captación de recursos. Del mismo modo, la estrategia asociacionista implica la generación de prácticas de construcción de relaciones con implicancias para la movilización de futuros recursos. Algunas de estas dimensiones son planteadas en la Figura 1.

Finalmente, es necesario reconocer que más allá de una “internalización” de la lógica del mercado –mercado de trabajo–, hay estrategias de adaptación híbridas. Como sostiene Ortiz Sandoval (2007), las personas no desarrollan prácticas pasivas, sino que negocian los cambios y pueden persistir prácticas no mercantiles como la solidaridad comunitaria, la reciprocidad (ayuda mutua) o el trabajo familiar. Es decir, las formas mercantiles de las estrategias no eliminan las formas tradicionales, pero las reconfiguran, generando tensiones, híbridos culturales y nuevas desigualdades.
Estrategias y teoría de la estructuración
Más allá de las situaciones de adversidades y constreñimientos, la capacidad de actuar, de hacer y modificar es el núcleo central en las estrategias. En este sentido, como señala Villasmil Prieto (1998), en el contexto de las estrategias, la teoría de la estructuración resulta de utilidad para comprender cómo tanto individuos como hogares pueden impulsar cambios a pesar de las limitaciones y/o ciertas restricciones, “no obstante de la existencia de constreñimientos sobre éstos, permitiendo rescatar a los actores en su capacidad de elección y transformación de las situaciones a las cuales se enfrentan” (p. 77).
En los últimos tiempos, el concepto de estrategia constituye un terreno fértil como salida a la discusión dicotómica “acción versus estructura”, adquiriendo cierta relevancia frente a los excesos estructuralistas, a la vez que propone conceptos analíticos sobre la acción de los sujetos (Moreno Andrade, 2018). Al margen de los condicionantes, la noción de estrategia deja entrever aspectos creativos de las acciones, la producción de saber-hacer y la capacidad transformativa de las personas. Es decir, el aspecto del micro espacio de la familia y sus estrategias de supervivencia, más allá de la búsqueda de recursos y satisfactores orientados a generar estabilidad y prácticas reproductivas domésticas, implica recrear a diario nuevos procesos organizativos y reflexivos expresados a través de la acción colectiva, disposiciones prácticas y nuevos saberes (Brites, 2015).
La “teoría de la estructuración” de Giddens (1995) posibilita el abordaje de las estructuras sociales desde una perspectiva dinámica. La estructuración es el “proceso de las relaciones sociales” que se estructuran en el tiempo y en el espacio a través de la dualidad de la estructura. Es decir, la estructura de lo social es considerado un conjunto de condiciones que posibilitan las acciones, pero también es vista esa estructura como el producto de las acciones realizadas por el hombre en sociedad. Giddens afirma:
Crucial para la idea de la estructuración es el teorema de la dualidad de la estructura. La constitución de agentes y la de estructuras no son dos conjuntos de fenómenos dados independientemente, no forman un dualismo, sino que representan una dualidad. Con arreglo a la noción de dualidad de la estructura, las propiedades estructurales de los sistemas sociales son tanto un medio como un resultado de las prácticas que ellas organizan de manera recursiva. (Giddens, 1995, p. 61)
El interés por lo que se hace, por el obrar, es de gran importancia para la teoría de la estructuración. Ello, en el contexto de las estrategias domésticas puede ser aplicado para entender cómo las acciones y decisiones de los individuos en el ámbito doméstico están influenciadas por las estructuras sociales existentes, al mismo tiempo que contribuyen a su reproducción o transformación.
En concordancia con el marcado acento sobre la acción, Giddens atribuye gran poder al agente, en la medida en que los agentes tienen la capacidad de producir cambios en el mundo social. Es más, los agentes no tienen sentido alguno si carecen de esa capacidad; es decir, un actor deja de ser agente si pierde la capacidad de introducir cambios. Por supuesto, “Giddens reconoce que existen constreñimientos sobre los actores, pero esto no significa que los actores no tengan elección ni puedan transformar las situaciones” (Ritzer, 2000, p. 494).
En este sentido, un agente al efectuar sus prácticas sociales en el devenir constante de su rutina está en capacidad tanto de realizarlas como de propiciar las condiciones para consolidarlas. Estas prácticas son posibles gracias a la forma reflexiva del entendimiento, que las define como iguales en un espacio y en un tiempo determinado. La disposición reflexiva hace posible el control del obrar en un contexto concreto y esta dimensión reflexiva no solo vigila y examina las prácticas, sino que la reforma basándose en un acervo de saber objetivado (Giraldo y Castro, 1996, p. 3).
En el campo de las discusiones sobre reflexiones y estrategias, el análisis de cómo las familias participan en distintas actividades económicas, enfocado en sus estrategias, se vuelve más interesante cuando se considera que personas y los hogares no están completamente determinados por las estructuras, lo que sugiere que tienen cierta libertad para actuar frente a situaciones desfavorables, especialmente en aquellos sectores más desfavorecidos de la sociedad (García y Oliveira, 1994). De este modo, desde el punto de vista teórico metodológico, la idea de recuperar a las unidades domésticas y familias en sus dimensiones de actores sociales, se contrapone al análisis centrado en las estructuras sociales y su papel determinante en las prácticas de los diversos agregados de individuos y familias, dejando a estos un margen de posibilidades de acción (Figura 2).
Figura 2. Condicionantes, oportunidades y estrategias.

Fuente: Brites, 2007.
Este enfoque de las estrategias, desde los aportes del constructivismo, procura reintroducir en el análisis la temática de los actores sociales y considera que toda acción social es el resultado de una transacción constante del individuo; de la manipulación; la elección y la decisión frente a la realidad normativa y estructural que, aunque condiciona, también posibilita un campo de oportunidades en donde puedan actuar prácticamente los agentes. En función de esta perspectiva, la relación entre la acción y la estructura es vista de forma dinámica, privilegiando la capacidad de acción de los individuos y/o grupos por sobre la segunda (Ortiz Palacios, 1999). A partir de estas consideraciones se pone el acento en analizar el carácter dinámico de las relaciones sociales y el desarrollo de capacidades analíticas y creativas de los individuos, frente a las limitaciones del sistema.
Conclusiones
Es importante destacar la diversidad de estrategias de subsistencia que las familias u hogares en situación de pobreza potencialmente pueden generar para garantizar su supervivencia y la de sus miembros. Además, es crucial tener en cuenta que las estrategias están influenciadas por diversos factores, como el contexto socioeconómico y político, las características de la población y las oportunidades disponibles en el entorno.
La investigación teórica también resalta la importancia de abordar las estrategias desde una perspectiva interseccional, que reconozca las múltiples dimensiones de la desigualdad y la exclusión con atención a las distintas coyunturas y oportunidades del medio. Esto implica considerar no solo la situación económica de los hogares, sino también factores como el género, la etnia, la edad y la localización socioespacial, que pueden influir en las experiencias de pobreza y en las estrategias de subsistencia que emplean.
Asimismo, se establece como relevante el contexto, considerando la importancia de los conceptos de constancia y transformación en la creación y mantenimiento de estructuras sociales. Para comprender estos fenómenos, es necesario examinar y combinar categorías como instituciones, rutinas diarias y prácticas sociales, con el fin de reconocer cómo los individuos influyen en la configuración de lo social a través de sus acciones y costumbres de clase. Estas dimensiones ponen en tensión la reproducción social versus la transformación, el determinismo versus el posibilismo, así como la capacidad transformativa de las personas frente a las limitaciones del sistema.
Las estrategias de subsistencia en contexto de pobreza son un tema complejo que requiere un enfoque multidimensional y contextualizado. Es fundamental entender las diversas formas en que las personas en situación de pobreza pueden desplegar prácticas reproductivas y de subsistencia, así como las barreras y desafíos a los que se enfrentan en las distintas condiciones de adversidades. Además, es necesario promover políticas y programas que fomenten la autonomía y la inclusión de los sectores populares, reconociendo sus capacidades y respetando sus derechos.
Referencias
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Información sobre el Autor
Walter Fernando Brites. Doctor en Antropología Social. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Instituto de Estudios Sociales y Humanos (CONICET). Email: wf.brites@conicet.gov.ar
Edith Jacqueline Velázquez Haurón. Doctora en Gestión Ambiental. Investigadora del Sistema Nacional de Investigadores – SISNI- del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Paraguay – CONACYT. Email: jvnovaterra@gmail.com
Matías Denis. Máster Universitario en Psicopedagogía. Investigador nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores – SISNI- del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Paraguay – CONACYT. Director del Centro de Investigación y Documentación de la Universidad Autónoma de Encarnación. Email: matias.denis@unae.edu.py
Contribución de los/as autores/as
WB: conceptualización; curación de contenidos; adquisición de fondos; análisis de datos; metodología; redacción borrador original; redacción-revisión original.
JV: conceptualización; curación de contenidos; análisis de datos; redacción – borrador original.
MD: adquisición de fondos; análisis de datos; redacción borrador original; redacción-revisión original.
Conflicto de Interés
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de Financimiento
Proyecto “PINV01-1005: Vulnerabilidad y estrategias de subsistencia de familias relocalizadas en conjuntos habitacionales en la ciudad de Encarnación, Itapúa. Diagnóstico y diseño de políticas. Cofinanciada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) con el apoyo del FEEI.
Declaración de Preprints
Este manuscrito no ha sido publicado previamente como preprint en ningún repositorio.
Disponibilidad de Datos
Los conjuntos de datos generados y/o analizados durante el estudio están disponibles previa solicitud al autor correspondiente. Email: matias.denis@unae.edu.py
Cita
Brites, W. F., Velázquez Haurón, E. J., Denis, M. (2026). Estrategias de subsistencias en contexto de pobreza. Perspectivas e intersecciones conceptuales. Kera yvoty: reflexiones sobre la cuestión social, 11, e6377. https://doi.org/10.54549/ky.2026.11.e6377
1 En el ámbito laboral, las relaciones instrumentales, aparecen como el tipo de relación más eficaz para la reducción de los costes, en el acceso al mercado de trabajo; es decir aquellas en las que los actores se contactan unos con otros para proporcionarse mutuamente seguridad, bienes, servicios o información (Bott,1957; Barnes, 1962).